jueves, 14 de abril de 2016

Entrevista a Andrés Marín


Entrevista a Andrés Marín:

"Sinceramente, retomé el baile por la satisfacción de rescatar el nombre de mi padre". Y eso ocurrió, casi por casualidad, cuando alcanzó la mayoría de edad, cuatro años después de haber abandonado. A partir de entonces, las circunstancias se fueron encadenando "poco a poco": docencia, trabajo en el extranjero, un tablao en Japón, la Bienal de Flamenco de Sevilla de 1992, la Bienal 2000, Trilogía... una compañía en gestación. El bailaor granadino dice haberse desprendido en este camino del marchamo Andrés Marín senior y optado por una línea "muy personal, muy mía, por mi manera de verlo y de concebirlo". 
¿Y eso es flamenco del futuro? 
No es que el baile se pueda encasillar en presente, pasado y futuro. Eso es absurdo. Pero sí es verdad que el futuro está más abierto a ciertas cosas, caben más posibilidades de movimiento y de expresión. Espero que el futuro sea sinónimo de libertad de expresión, cosa que hoy existe poco. Hoy no se habla por no fallar. Y se dice lo mismo que dijo Moisés, pero dos mil años más tarde. Pero quedas mal... eres un niño viejo. Y puedes tener maneras, pero no saber más que un viejo, porque eso ya es falta de respeto. ¿Sabes lo que te digo?. Yo tengo 31 años y mi padre 67 y cada uno tiene su sitio. Yo no puedo coger a mi padre y callarle la boca. 
¿Cómo baila Andrés Marín a juicio de Andrés Marín? 
Yo bailo como lo siento. Me gusta mucho el cante, me gusta mucho la música, me gusta el conjunto. Pero no me gusta la farfolla. La ojana tampoco me gusta. Exprésate como eres, pero no engañes. Me gusta el baile de estómago, que te duela. Me gusta el baile de verdad. Y no quiere decir que baile mejor o peor, sino bailar como tú eres. Para mí eso tiene más respeto. No sé lo que aporto. Yo bailo la música, me la pienso mucho, cuido las letras. Cada año que pasa me gustan las cosas más minimal... con menos, más. Tuve una época en la que en cada hueco, rellenaba. No había ni un momento vacío. ¿Sabes lo que te digo? 
¿Hacia dónde crees que debe evolucionar el baile flamenco? 
Personalidad y libertad de expresión. Si tú no tienes personalidad, no me dices nada. Y si no tienes libertad de expresión y estás haciendo una copia de Velázquez, pues eres un cateto. Velázquez era un maestro. Lo que no puedes es pintar en el año 2000 el motivo del año 500, porque así vamos mal. Tienes que pintar el motivo de hoy y ver las cosas como están hoy. Intentando no destrozar, sino mimar, acariciar. Para bailar flamenco no te tienes que poner un pañuelo de lunares, no tienes que ser payo agitanao porque eso se convierte en lolailo, en vulgaridad. Cada uno hace sus cosas y hay que respetarlas... Eso a mi forma de entender.
¿Pero no crees que se interponen demasiados obstáculos ante la personalidad y la libertad de expresión? 
Yo no encuentro obstáculos, encuentro gente retrógrada. El peor obstáculo del mundo es la ignorancia. Mucha gente habla sin conocer. La gente no llega a profundizar. Te clasifica por la apariencia. Eso es la ojana. Mira, la indumentaria típica del flamenco, era la indumentaria que se vestía en la época. No puedes ponerte hoy una chaquetilla a lo Curro Jiménez. Venga hombre, vamos a dejarnos de tonterías, vamos a ser un poco realistas. 
El hecho de que un artista flamenco como Javier Latorre firme un manifiesto por la danza denota, cuanto menos, un momento de convulsión. Cambios, experimentos... ¿desorientación?
Yo creo que en toda la vida siempre ha habido gente perdida, siempre ha habido movimiento, siempre ha habido cambios y siempre ha habido de todo. Si empezamos con los movimientos y eso, todos nos alimentamos, hasta las revistas. Estamos removiendo tonterías, porque al final cada uno... Pienso que el flamenco va ahora en auge comercial, se está abusando de lo comercial. Y es cierto que cuando se haga algo artístico, con intenciones, desde dentro, con concepto artístico de verdad, profundizando, eso sí va a dar que hablar, pero nunca te va a dar de comer. Yo prefiero eso a ponerme encima de un escenario a pegar saltos. 
¿Eso quiere decir que hay que pasar por el aro comercial? 
Yo no voy a pasar por el aro comercial. Porque yo tengo todos los meses para comer, gracias a Dios. Cada año lo tengo más claro, antes me lo pensaba en un momento dado, pero ya no. Cuando era joven decía, bueno ¿ese cómo está ahí y yo u otro compañero, bailando mejor, no está?. Por circunstancias, porque conoce a gente, porque tiene amistades, funciona con temas políticos... Muchas historias que nosotros no podemos controlar. Una vez que tengas tu nombre, la gente viene a buscarte, pero el nombre cuesta trabajo hacértelo. 
Y si tanto se reitera que en el flamenco está todo inventado, ¿cómo se innova? 
La única manera de innovar dentro del flamenco es ser personal. La forma personal de innovar es ser tú mismo. No tienes que inventar nada, tienes que bailar como tú eres, tienes que pintar como tú eres, tienes que andar como tú eres... Mucha gente cree que por que tú bailes moderno... Y yo no bailo moderno, eso es lo que la gente cree. Yo bailo quizás más antiguo que muchos, porque todo lo que cojo viene ya de antes. No están las cosas hechas por hacer. 
¿En qué plano sitúas la técnica? 
La técnica es importante para los espacios grandes, para tener un control de tu cuerpo, para no caerte en el escenario o meterte un dedo en un ojo, para no ser repetitivo y reiterativo. Pero la técnica está al servicio del arte. Y cada vez te vas dando más cuenta de que la técnica vale lo que tiene que valer. No puedes olvidarla. Y más en nosotros que tenemos que seguir estudiando porque viene gente detrás que baila muy bien. ¿Sabes lo que te digo o no? 
Yo lo que veo es que la gente tiene mucho miedo a la hora de expresarse... donde va Vicente va la gente. Tú vas a Holanda, a Nueva York, a Estocolmo... vas por la calle y flipas porque la gente tiene personalidad y valentía. Y te encuentras a uno por la calle con el sombrero más extravagante del mundo. O fíjate en Prince, es de categoría, pero eso lo ven aquí y la gente se ríe porque no tienen respeto, son retrógrados. Pero no sólo los flamencos, sino la masa, el colectivo. La mayoría de la gente que va a la Bienal de Flamenco no tiene ni idea. Y seguro que aquí (estamos en la terraza del bar Sirenas de la Alameda, plaza sevillana antaño reducto flamenco, venida a escaparate de lo alternativo, lugar en el que no desentona este artista de formas acordes con las coordenadas espaciotemporales) me pongo a tocar las palmas y seguro que se unen todos. Y que se unan es lo de menos, es que encima se ponen a hablarte de flamenco y te dan una lección, ¿sabes lo que te digo? La gente no es valiente. Siempre el qué dirán. Esa es mi manera de verlo. 
¿Por qué elementos ajenos al flamenco te decantas? 
Meto una viola. Me gusta todo lo que sea adicional. La gente dice es que, es que... es que como no tienes valentía de hacer, te quejas y te quedas en casa amargao. Depende de cómo metas los instrumentos, cómo suenen, la intención que lleves. O está bien hecho o está mal hecho. Depende de quién lo haga y cómo lo haga. Yo soy abierto a todo. Yo veo el flamenco en todo, no lo puedo separar de nada. El arte no lo separo de nada. Michael Jackson es igual de flamenco que el más flamenco de aquí. Porque veo el flamenco como una energía, no veo el flamenco como un estilo. Lo otro lo veo copia. El flamenco es para mí un ser, un sentir. Los otros para mí no son flamencos, son estudiosos del flamenco, que son los que llegan, pero llegan al revés... esa es la mala información de esto. 
No soy muy tolerante con el baile de menearse y dar coba. Hacer un movimiento preconcebido para llegar a la gente, eso es peor. No me llega. El movimiento no se tiene que notar, tiene que ser en el momento exacto. No puedes ir premeditando el aire. Premeditar el pellizco es ojana. Me gusta el baile serio, el baile cabal. Y más cuando son esas cosas que están hechas de gente que las hicieron sin pensar y tú pensándolo, hacerlo. Porque donde está lo bonito es en el fallo, donde está la virtud es en la necesidad. Lo otro es académico, plástico, bonito, tú lo vendes y ganas dinero... y ahí no hay problema, porque todo el mundo dice ole. 
Dibuja un marco... 
El teatro. Ese es mi sitio. Como baile, el que más me gusta es la seguiriya. Y los tangos, también me gustan mucho. La soleá por bulería es rítmicamente donde mejor me encuentro. Me gusta mucho cantar también. El tango es más femenino que masculino, pero es más difícil que lo baile un hombre que una mujer. Porque ahí se le ve el plumero. Lo bonito es bailar tangos como una vieja pero siendo varonil, sin perder tu sentido. Y lo difícil. En la seguiriya estás bailando la letra y, si te dicen algo, sacas la pistola, es algo demasiado interior. Por ejemplo, la soleá es un baile más cubierto, más recreado, como más espigao y la seguiriya es más de estómago. También hay pocos bailaores que bailen por seguiriyas. Sí, las bailan, pero que transmitan por seguiriyas... Una cosa es bailar y otra cosa es transmitir. Bailar bailamos todos. Es muy difícil coger, marcar y que duela... 
Después, musicalmente, me gusta rodearme de corazón. Y, escenográficamente, minimal, de nada. De las luces, pero también con corazón. Todo con honestidad. Ya te digo, cada año lo veo más, todo es menos música y más aire. Es tanto tiempo ya con Canito (el guitarrista que lo acompaña) que los dos nos ponemos y buscamos cosas que te pueden gustar más o menos, pero nadie las hace. Nadie ahora mismo lleva esa dirección. Y eso también está bien, estar trabajando pero haciendo un equipo. 
¿Y las musas? 
Yo intento tomar las menos referencias posibles. Aprendo de todo el mundo, tanto del que lo hace bien como del que lo hace mal. Soy como una esponja. Pero intento siempre mantener mi personalidad. Por mucho que me guste, me sacrifico y me lo busco yo, me lo curro yo. De todo. De una pintura se me infunden cosas, o veo a Michael Jackson o a Prince, cualquier línea cantando. O a ti te veo andando por la calle y haces cualquier línea que me mola y me la engancho. Porque las personas andamos y nos expresamos, ¿no? Pues ese es el problema, que no bailamos expresando. Yo pienso en el arte y los supermercados. En las tiendas y en las boutiques. Tú no te puedes comprar en El Corte Inglés o en Zara lo mismo que en Versace. Lo siento en el alma. La gente se ha hecho un prototipo de baile, tú pones un brazo aquí y después aquí para no molestar... ¿te lo he explicado bien? 
Personalidad. Intentar no hacer las cosas en serie para que seamos todos distintos y nos podamos entretener viendo a las personas. Igual pillo cosas de una cinta de baile griego... si es que el baile todo es lo mismo. Cuando empezamos a separar, vamos fatal. No se puede bailar como en un cuartel militar. El baile no es militar… el clásico sí, el flamenco no. Hay que ajustarlo a un ritmo, a un gusto. 
¿Cuál es tu percepción del público? 
Me gusta cómo se capta el flamenco fuera, porque se capta con inocencia. Aquí se capta queriendo entender, de sabihondo... y eso no es saber. Nada más que tienes que mirar la televisión a cualquier hora... es todo basura. Culturalmente, Andalucía es estiércol. Y las personas de cuarenta años para arriba, peor, a no ser que haya tenido una educación muy buena, pero a la mitad, no se las dejó estudiar. A la gente lo que le gusta son las telenovelas, los programas de telebasura... Venga, hombre. Ya, a estas alturas, no somos tontos. Bueno, y la gente joven... Hay algunos que okupas para una cosa y, para otras, más conservadores que mi padre. 
Si tuvieras que plantearte un reto profesional... 
No lo he conseguido todo, pero estar ahí es mucho. Lo que venga lo voy a tratar bien. Volví a bailar porque mis padres dejaron de bailar y para mí era una satisfacción realzar otra vez su nombre. El reto es trabajar con toda mi dignidad. Pero hay mucha envidia si no vas por donde quieren. Yo vivo en mi mundo y creo que es mejor. Yo entiendo a la gente, pero la gente no me entiende a mí. Eso es bueno, porque me quedo yo en mi rollo. Yo sé de qué va la película, pero no entro en la película... porque no tengo ganas. Yo tengo mi película, mi cortometraje. 
Bueno, ahora cojo yo el papel de periodista... ¿tú esto del flamenco cómo lo ves? 
Candela Olivo
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El flamenco es un estilo de música y danza propio de las comunidades de Andalucía, Extremadura y Murcia. Es un signo de identidad de la etnia gitana que ha desempeñado un papel esencial en su evolución.

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