jueves, 22 de diciembre de 2016

La Paquera de Jerez triunfa en Japón


La Paquera de Jerez triunfa en Japón :

La Paquera de Jerez triunfa en Japón. El público la aclama. La cantaora, a sus 67 años, alucina. Una película documental recoge la experiencia. 
Un viaje de arte en Tokio 
Daniel Gil. Tokio, enero de 2002 
Tokio. Domingo, 20 de enero de 2002. Escenario del Nuevo Teatro Nacional. "¡Paquera, Paquera, Paquera!", "¡Viva Jeres, viva Jeres!". La Paquera de Jerez concluye la última de sus cuatro actuaciones en la capital nipona. El público japonés, habitualmente frío y reservado, jalea a la cantaora. Puestos en pie, los espectadores, que casi llenan las 1.200 plazas del patio de butacas, se rompen las manos en una larga ovación. Es el punto culminante de una odisea de ocho días con origen y destino en Jerez que ha llevado a Japón por primera vez en sus cinco décadas de carrera profesional a Francisca Méndez Garrido, La Paquera de Jerez, de 67 años, uno de los últimos mitos vivos de la época dorada del cante flamenco. 
"Hay muchas luces, muchos edificios y mucha gente corriendo", acierta la cantaora a decir de Tokio. Esa noche, antes de emprender el viaje de vuelta a casa, a trece mil kilómetros de su apartamento en la playa gaditana de Rota, desde el que La Paquera deja pasar los largos meses de invierno y en el que se esconde del bullicio que trae el verano, se siente sobrepasada por una ciudad de doce millones de habitantes, que a sus ojos resulta apocalíptica, deshumanizada. De su memoria rescata una imagen con la que compara la de esta ciudad. "Me recuerda a la Puerta del Sol y la Gran Vía (de Madrid), con tantos luminosos". Se solapan las impresiones de la artista veterana y de la joven que, en los años sesenta, triunfaba en Madrid a razón de siete mil pesetas por noche. Ahora como entonces, sólo el público y un buen caché consiguen apartarla de Jerez, de su familia de pescaderos, su cama y su puchero. 
Cuarenta años antes, en 1962, Yoko Komatsubara era una joven japonesa, de clase acomodada, recién llegada a España para dar un giro a su vida tras caer enamorada del flamenco tres años antes, cuando vio bailar en su Tokio natal a Antonio Gades. La joven bailarina clásica quiere convertirse también en bailaora y, en su proceso de aprendizaje, conoce a Antonio Pulpón, el primer gran representante de artistas flamencos, que le da cobijo protector y la pasea por España para que conozca cante, baile y toque. Los mejores actúan en esa época en Madrid, en tablaos flamencos tan populares como Torres Bermejas, Los Canasteros, El Duende o El Corral de la Morería. En una de esas noches de inmersión en la exótica música que tanto la atrae, Yoko cae perdidamente enamorada de una voz de mujer. "Esto es verdadero flamenco", pensó Komatsubara cuando oyó cantar por primera vez a La Paquera. "Nunca he podido olvidar su cante". 
Aquel flechazo artístico fue el germen de esta aventura. "Me ha costado cuarenta años convencerla. Siempre se negó a venir tan lejos. Tengo mucha suerte. Todo Japón tiene hoy mucha suerte", afirma Komatsubara, incapaz de refrenar su satisfacción minutos antes de que La Paquera de Jerez debute en el Nuevo Teatro Nacional. Es viernes, 18 de enero. La de esta tarde es la primera de las cuatro actuaciones que la artista jerezana ofrece dentro del espectáculo de danza estrenado por Komatsubara, convertida cuatro décadas después en bailaora, coreógrafa y productora con compañía propia, una de las referencias imprescindibles del mundo del flamenco en Japón. 
Aeropuerto de Jerez. Martes, 15 de enero. La Paquera y su séquito llegan cargados de maletas y dispuestos a coger el primero de los tres vuelos que les llevarán hasta Tokio. "Yo voy a Japón a ganar dinerito", dice la cantaora, abrigada hasta el cuello con un pesado abrigo de piel y de muy buen humor dado lo intempestivo de la hora para una flamenca. En el pequeño aeródromo jerezano espera el equipo de rodaje de la película documental que el antropólogo y crítico flamenco Fernando González-Caballos, de 27 años, va a rodar sobre la figura de la artista y su odisea en Japón. Su título provisional, 'Sin ojaneta ninguna', hace referencia a aquella parte de algo que es desechable por carecer de valor, por falsa o mentirosa; algo que, para él, no ocurre con La Paquera: "Ella siempre lo da todo, siempre va por derecho". 
"Yo voy a Japón a ganar dinerito" 
La producción de González-Caballos y la empresa Flamenco Libre, independiente y de escaso presupuesto, cuenta en el equipo con dos jóvenes operadores de cámara muy experimentados en el documental: el francés Yvan Schreck, que ejerce también como realizador, y el sevillano Óscar Clemente. El currículo de ambos está cargado de puntos de interés. Schreck ha trabajado recientemente en otra cinta sobre el flamenco: la película de sus compatriotas Dominique Abel y Jean Yves Escoffier acerca de las Tres Mil Viviendas, la barriada más deprimida de Sevilla. Clemente ha sido premiado por su labor de realización en una película sobre la barcaza que cruza el río Guadalquivir a la altura de Coría del Río (Sevilla). Ambos trabajaron juntos en las innovadoras imágenes con las que el joven bailaor Israel Galván ilustró su espectáculo 'Metamorfosis', inspirado en el texto de Frank Kafka. 
El viaje a Japón es, para los tres, una aventura tan importante, atractiva e intimidatoria como para la propia Paquera. Además, temen el comportamiento de la cantaora, habitualmente reacia al contacto con cámaras y periodistas. El control de pasaportes y el embarque en el avión sirven para dibujar sonrisas optimistas en los jóvenes documentalistas. Para La Paquera ya son sus "sobrinos". La realización de la película busca mostrar la naturalidad y la frescura con la que ella se desenvuelve. Con un guión abierto, cámara al hombro y dispuestos a recoger lo que de imprevisible tiene la experiencia. Su intención, estrenar la cinta en el Festival del Cante de las Minas de La Unión, en Murcia, que este verano homenajeará a La Paquera. 
Durante el viaje, los tres jóvenes comprueban que el mundo gira alrededor de La Paquera mientras ella, impasible, acompaña el movimiento del planeta con alguna ocurrencia o con sentencias propias de su edad y su experiencia. "¡Ponte en Pamplona, que de tan cerca parezco el muñeco Michelín!" grita la jerezana a uno de los cámaras, que ha rebasado el límite mínimo de distancia para filmarla. Con la cantaora viaja un grupo de asistentes y familiares preocupados de que no le falte de nada. El guitarrista que la acompaña, su guitarrista, su 50%, es Manuel Fernández, Parrilla, de 56 años. Maestro del toque de Jerez. Los palmeros son su hermano Pepe, que hace las veces de agente personal, y su viejo amigo Anselmo de Jerez. También como palmero se estrena Pepito, de 15 años, el sobrino preferido de La Paquera. Y, para atenderla más y mejor, su cuñada Francisca, mujer de Pepe, y su amiga Curra, la vecina de Rota, que se apunta a un bombardeo. Ellos son la tribu de esta gitana pelirroja que celebra su atrevimiento aventurero con una copa y un cante en la zona de tránsitos del Aeropuerto del Prat. Los viajeros, incrédulos, giran la cabeza. "¡Si esto es un acontecimiento!", replica ella, "cincuenta años de artista y es la primera vez que voy a Japón. ¿Quién me iba a decir a mí que yo iba a ir tan lejos?". La odisea no ha hecho más que empezar. 
"¡Si esto es un acontecimiento! Cincuenta años de artista y es la primera vez que voy a Japón. ¿Quién me iba a decir a mí que yo iba a ir tan lejos?"  
Miércoles, 16 de enero. Siete de la tarde. Un grupo de españoles llega al lujoso hotel Keio Plaza Intercontinental de Tokio. Las veintiséis horas de viaje han hecho mella en La Paquera y su gente. La cantaora, que ya roza los setenta, no está para estos trotes. No es como cuando empezó, con apenas 18 años. Entonces recorría las plazas de toros de toda España con un espectáculo que se llamaba 'Así canta Jerez'. Su poderío, su capacidad física, su talento natural le permitían llevar su cante a los tendidos sin necesidad de micrófonos. Un derroche. El compositor Rafael de León le dijo en los cincuenta: "Tienes la voz para que te la cuiden y te la eduquen para cantar ópera pero, si te dejas, perderás la pureza del cante flamenco". Ahora, de vuelta de todo, sabe bien de qué habla. "Rocío Jurado es la más grande, pero no sabe cantar flamenco. Te lo digo yo, que soy La Paquera de Jerez". 
La cantaora aún conserva gran parte de aquel torrente. Todavía hoy, en los teatros, se sale de micro y emociona con su voz a pelo a cualquier audiencia. Su magnífico estado físico es directamente proporcional a los minuciosos cuidados que ella misma se procura. Duerme una barbaridad "ya sea aquí, en China o en Checoslovaquia", bromea su hermano Pepe. Él y el resto de la familia se preocupan de que la artista duerma, coma y beba cuándo, cómo y dónde ella quiera. A la llegada a Tokio se acostó a las diez de la noche y no se levantó hasta las cuatro de la tarde del día siguiente. Sólo se despertó dos veces. La primera, de madrugada, se comió todas las frutas de la cesta que encontró en la habitación. A media mañana, pidió huevos, panceta y cruasanes, dio buena cuenta de ellos y siguió durmiendo. 
La Paquera canta para Yoko Komatsubara en el nuevo Teatro Nacional de Tokio (Foto: Fernando González-Caballos) 
Viernes, 18 de enero. La Paquera calienta la voz en su camerino del Nuevo Teatro Nacional minutos antes de su debut. Su vozarrón resuena por los pasillos del teatro mientras la primera parte del espectáculo se desarrolla en escena. Toma un sorbito de whisky para preparar la garganta. Otro ejemplo de sus meticulosos cuidados: ese trago es el único alcohol que bebe 48 horas antes de una actuación. "Los excesos han acabado con muchos artistas". 
La meticulosa organización japonesa incluso ha previsto un camerino para el equipo de rodaje del documental. González- Caballos pretende utilizar la experiencia de La Paquera en Japón "para reflejar desde un punto de vista antropológico, alejado de los tópicos tradicionales, el choque cultural entre un mundo tan informal como el del flamenco y una sociedad tan organizada como la japonesa, en la que curiosamente se ha desarrollado un enorme mercado para esta expresión artística". Ese mercado ha dado origen en Japón, aparte de a la venta de discos, a la aparición de decenas de academias de baile, sobre todo en las grandes ciudades como Tokio u Osaka, tablaos y hasta talleres de fabricación de artículos de artesanía como trajes o zapatos de baile e instrumentos musicales. Según datos de la Universidad de Keio (Tokio), en 1996 existían en el país cien academias, quince tiendas especializadas y diez tablaos.
La noche anterior al estreno, La Paquera ha cenado con todo su grupo en uno de los tablaos de Tokio que sirven de salida profesional para jóvenes artistas españoles. Allí, los cantaores y bailaoras que intervienen en el espectáculo alucinan cuando la ven entrar. "Ostia, esa es La Paquera", se le escapa a alguno. "Hacía veinte años que no iba a un tablao. Me ha recordado a mi época en Madrid. Que barbaridad, hay que ver lo que se parece esto a Los Canasteros", dice nostálgica la cantaora. 
El debut de La Paquera en Tokio es un éxito. Será que, como dice ella, se transforma en los escenarios. El día ha sido para olvidar. La cantaora anda esa tarde contrariada y algo molesta. Tan lejos de su casa, el viaje ha empezado a depararle desagradables sorpresas. Por la mañana, durante la prueba de sonido, se enteró de que Komatsubara quiere que le cante para bailar. Su familia lo interpreta como una falta de respeto para una artista de su talla. Una primera figura del cante no actúa para el baile. Pero quien paga, manda. La Paquera cantará para que baile Yoko. Las dimensiones del teatro le desbordan, tan diferentes del pequeño edifico jerezano que añora. "Se pasa de grande. Cuando una llega al camerino, ya no le quedan ganas ni de cantar. En el Villamarta, en quince minutos estoy lista". 
No le falta razón. Durante el traslado hasta el Nuevo Teatro Nacional de Tokio, se vuelve a producir un pequeño incidente. El chófer que ha de conducirla hasta allí se despista y la deja en otro lugar. Durante unos minutos, La Paquera pasa un mal rato al pensar que no llegará a tiempo. Por suerte, uno de los cámaras consigue entenderse en inglés con un japonés que los conduce rápidamente hasta el teatro. "Ay que fatiguitas más grandes, Dios mío de mi alma. Po no que nos ha dejao el gachó en otro teatro. Que grande es esto picha. ¡Viva Tokio!" 
Tras la actuación, Komatsubara y su gente trasladan con prisas a La Paquera y a su séquito a los estudios del Canal 6 de televisión, la principal emisora privada del país. La artista será entrevistada en uno de los programas de mayor audiencia, presentado por el señor Chikushi. A la llegada al plató y tras una prueba de sonido, le informan de que deberá esperar dos horas para entrar en directo. Además, le piden que cante, algo que ella no tenía previsto. De momento, el grupo tiene la sensación de que los japoneses son más flamencos de lo que parecen. Son las doce de la noche. "¡Esto no es, Yoko! No he comio ná. Estoy seca. ¿Tú sabes lo que es seca, Yoko de mis carnes? Traerme un puchero, de Sevilla o de Jereh!", grita la cantaora, presa de la impotencia y el cansancio. Luego, ante las cámaras, se crece una vez más. Canta mejor incluso que en el teatro y vuelve locos a entrevistadores y traductora. En el control de realización, los japoneses se desesperan. La Paquera vuelve a hacer lo que quiere durante la entrevista y ésta dura más de lo previsto. A los técnicos casi no les da tiempo a meter la publicidad programada. Mientras, los jóvenes documentalistas se parten de risa al ver el lío que la protagonista de la película ha montado en el plató de televisión. "¿Has visto cómo han tenido que meter la publicidad?", le dice Óscar al director del documental. 

La Paquera y Yoko Komatsubara en el Canal 6 japonés (Foto: Fernando González-Caballos) 
Sábado, 19 de enero. La Paquera no se acomoda a los horarios de las representaciones, las dos y las seis de la tarde. "Eso de cantar a la hora de comer no me ha pasado nunca. Es que, cuando estoy a gustito para cantar, a partir de las once, ya están ellos en la cama". Yvan Schreck la sigue a todas horas con su cámara. "Cada vez que oigo cantar a tu hermana", le dice el francés a Pepe, "se me pone la piel de gallina. ¡Es increíble!". 
Lunes, 21 de enero. Once de la noche. La Paquera aterriza en Jerez. Rota por el cansancio, tras otras veintiséis horas de viaje, sólo acierta a planear: "Me voy a llevar tres días durmiendo. Na más me voy a levantar pa comer puchero". Durante la semana, la cantaora se ha mostrado agradable pero no muy animada. Algo taciturna. Dice la gente que ese es su carácter, huraño e introvertido, y que se transforma en escena. "Yo es que soy casera. Me gusta pasear, la vida relajada y tranquila", explica ella. Todavía en Tokio, antes de volver a España, se confiesa. Lleva un año medicándose contra la depresión que la asedia. Razones: su preocupación por la familia, que la tiene a ella como matriarca, y las dificultades para asimilar que pertenece a un mundo que ya no existe. Recuerda a aquellos que, durante treinta años, formaron parte de su vida en Madrid: "Terremoto, Farruco, Manolo Caracol, Bambino, Lola Flores, Antonio el Bailarín. Todos han muerto". 
El balance es agridulce. La Paquera, que se ha quedado con las ganas de conocer el Palacio Imperial, se muestra agobiada por el ritmo de vida al que se mueve Japón y estaba loca por volver a casa, pero el resultado artístico y el impacto de las actuaciones en Tokio han sido notables. Antes de partir, la cantaora concedió una entrevista a la revista japonesa de flamenco 'Paseo', con una tirada mensual de quince mil ejemplares. El reportero temblaba nervioso mientras hacía las preguntas. A su espalda, otra periodista lloraba emocionada. Pregunta obligada: "¿Volverá usted a Japón?". Respuesta flamenca: "Según me coja el cuerpo". 

lunes, 19 de diciembre de 2016

Todo lo que siempre quiso saber sobre flamenco, pero nunca se atrevió a preguntar

Todo lo que siempre quiso saber sobre flamenco :

Todo lo que siempre quiso saber sobre flamenco, pero nunca se atrevió a preguntar 
'Cante por cante' es el primer disco libro didáctico de flamenco que ayuda a reconocer estilos
 Silvia Calado Olivo 
"El arte flamenco gusta y asusta". Gusta por motivos que sobra señalar. Asusta por culpa de "tantos años de palabras mayores, de sabios dispuestos a amargarle la noche al vecino que acaba de emocionarse por primera vez con un quejío". Esta constatación es la que ha llevado al equipo formado por el periodista José Manuel Gamboa, el productor del sello Flamenco en el Foro, Julián Sanz, y el director de New Atlantis Music, Álvaro Perales, a crear -a estas alturas- el primer disco libro didáctico de flamenco, 'Cante por cante', una obra cuya traducción a inglés está ya marchando. 
La idea surgió, como contó Álvaro Perales en la presentación de 'Cante por cante' en la sede madrileña de la Sociedad General de Autores el pasado 10 de junio de 2002, de la natural reacción de cualquier profano: "¿Esto qué es, una soleá? No, es un tiento". Y tras un año de trabajo, el método para no tener que pasar más por este trago -pues no está bien visto en los círculos de aficionados ser un ignorante- se ha materializado. Julián Sanz lo explica con un recurso metafórico: "Este puso el huevo, este lo frió, este le echó sal... y ustedes son el dedo que se lo come". 
'Cante por cante' es una obra cuidada tanto en fondo como en forma. Las primeras páginas del libro, además de a envalentonar al personal, están orientadas a poner los cimientos. Para entrar en ambiente, se analiza el desarrollo y la estructura de los cantes, es decir, el patrón que permite que "un guitarrista y un cantaor que no se conocen puedan entenderse... y no es porque se improvisa, es porque hay unas bases formales de las que se parte": una introducción de guitarra, una salida, un cante de preparación, el cante valiente y el remate. Tras esta introducción, que también incluye un glosario esencial, Gamboa se mete a desentrañar los secretos de la escala andaluza, la rítmica y las letras del flamenco, utilizando en ocasiones terminología musical: "No hace falta saber música para entender el método, pero es información adicional para el que sí sabe". A ello se añade un clarificador cuadro de clasificación de los cantes en cuatro grupos, atendiendo a su naturaleza musical, como paso previo al estudio de los dieciséis estilos, empezando por el verdial, pues "la base del flamenco no deja de ser el fandango más primitivo". 
El diseño y la maquetación de Víctor Coyote buscan la claridad y la síntesis en fichas de estructura fija con las que se explica cada estilo. La ficha está encabezada con el estilo escrito sobre una banda del color correspondiente a su grupo: violeta para los fandangos, verde para los derivados de la soleá, naranja para el grupo de la seguiriya y azul para el de los tangos. Cada estilo se presenta en un breve texto en el que se aportan datos sobre génesis y características básicas: "La granaína no es otra cosa que un fandango de Granada, eso sí, despojado ya de todo ritmo". Después se comentan tres aspectos del palo: la escala, el compás y la estrofa, triada que, al final de cada ficha, se vuelve a esquematizar con iconos y colores. Finalmente, señalado con el icono de un ojo se dan las claves, quizás el apartado más útil de cada ficha. José Manuel Gamboa apunta que "aunque parezca una tontería, para distinguir entre un polo y una caña, si empieza cantando la letra es el polo y si empieza con el ay es la caña". Esos son los trucos con los que, "sin ánimo de vulgarizar, queremos facilitar el entendimiento". 
El método didáctico se complementa con un disco en el que están grabados los dieciséis estilos diseccionados en el libro. Julián Sanz ha sido el encargado de seleccionar al elenco cantaor y tocaor que forman Talegón de Córdoba, Mercedes Cubero, Miguel de Tena, Pedro Sanz, El Flecha y Chaquetón, acompañados al toque por Pepe Núñez, Eduardo Rebollar y Salva de María. A ellos agradece que "hayan renunciado a su personalidad artística para facilitar la comprensión de los cantes", y que, como apostilla Gamboa, "se hayan limitado a los cantes más básicos renunciando a su libre expresión". Por cierto que, para desquitarse y acompañados al toque por Pepe Núñez, Pedro Sanz y Miguel de Tena se lucieron, respectivamente, por garrotín y granaína en la presentación del discolibro. 
Eso de "y le devolvemos su dinero si no consigue distinguir entre martinete y debla", no está garantizado en 'Cante por cante' pero, por lo visto, funciona. Cuenta Gamboa que estando en plena grabación de 'Un ramito de locura', el último disco de Carmen Linares, utilizó como conejillo de indias al ayudante del técnico de sonido, neófito en la materia: "Le pasé los folios de la seguiriya y al día siguiente tenía hechas todas las claquetas".



Flamenco María Pagés Sevilla

Biografía:

Discípula de Manolo Marín, Matilde Coral y Rafael el Negro, obtiene el título de Profesora de Danza Española con la calificación de sobresaliente. Entre sus actuaciones destacan sus interpretaciones como solista en los ballets de María Rosa y Rafael Aguilar, con los que actuó en Japón y Europa. Representó a España en la Semana Internacional Española con actuaciones en varias capitales europeas. Ha participado en los espectáculos de "Carmen" y "Bodas de Sangre" con Antonio Gades, "Diquela de la Alambra", "Sol y Sombra" con su propio ballet así como en la mayoría de las Bienales de Arte Flamenco de Sevilla con gran éxito de público y crítica (con "De la luna al viento", "El perro andaluz", "Burlerías" y "La tirana"). Siempre ha destacado por sus movimientos de brazos y manos y la continua búsqueda de nueva fórmulas en sus coreografías. Apareció en la película Flamenco de Carlos Saura. Ha sido directora del Centro Andaluz de Danza.

Especial: El mantón de Manila

Biografía:

Alas para el baile de mujer 
Silvia Calado Olivo 
Cuando una bailaora quiere levantar el vuelo, una delicada pieza de seda cuajada de bordados florales hace las veces de alas. Igual que la mujer sevillana hizo suyo el mantón de Manila desde que este complemento chino comenzara a importarse en el siglo XVI a través de Filipinas, entonces colonia española, fue adoptado por la cantaora como parte de su vestuario de escena y por la bailaora como pieza clave de su baile, especialmente, en la escuela sevillana. Seguidora de Pastora Imperio, Matilde Coral se ha erigido en principal defensora de este elemento cuyo movimiento, aunque admite creación, precisa de una técnica propia. El baile con mantón encuentra continuidad tanto en veteranas del renombre de Blanca del Rey o Milagros Menjíbar, como en jóvenes valores de la talla de María Pagés o Belén Maya. 
María Pagés Manila, la capital de Filipinas, bautizó uno de los complementos con el que la mujer sevillana y, por ende, su escuela de baile flamenco, se siente más identificada. El puerto de la isla, colonizada por España en el siglo XVI, era escala obligada para los galeones cargados con preciados productos orientales que llegaban hasta el puerto de Sevilla, pasando primero por México. La delicadeza y el colorido de los bordados de los mantones elaborados en China cautivó a las sevillanas de toda condición, hasta el punto de convertirse el mantón de Manila en prenda de abrigo tanto de señoras de alta alcurnia, como de las trabajadoras de la fábrica de tabacos donde estaba empleada la mítica Carmen. 
El originario mantón chino cambió pagodas y dragones por flores y pájaros, adaptándose al gusto andaluz y, al tiempo, creando diferentes estilos: tradicional, isabelino, de cigarreras, de pájaros, de rosas... Incluso un punto de la provincia sevillana, la localidad de Villamanrique de la Condesa, se especializó en la confección de estos mantones artesanales, actividad que junto a la guarnicionería da carácter a la villa enclavada en el Parque Nacional de Doñana. Aunque la tradición continúa en la zona, algunas de las firmas sevillanas especializadas en mantones de mayor renombre cuentan con antiguas colecciones de diseños propios que siguen plasmando en mantones que encargan a talleres chinos... aunque ya no llegan a Sevilla por vía marítima, ni haciendo escala en Manila y Acapulco. 
Basta con echar un vistazo a cualquier fotografía o grabado de la época para apreciar que el mantón de Manila está desde los orígenes documentados, íntimamente asociado al flamenco. Bailaoras y cantaoras como La Macarrona, La Malena, La Argentina, Pastora Imperio, La Niña de los Peines... aparecen retratadas envueltas en mantones de profuso bordado. La importancia de esta prenda se enfatiza en el baile, especialmente, en la escuela sevillana, como explica Matilde Coral, quien considera el mantón "uno de los componentes más bonitos del baile, un anexo que usaban los mayores, como Pastora". La bailaora, maestra y coreógrafa subraya que "aderezar ese baile con un mantón merece la pena, es muy hermoso, si bien también requiere su estudio y técnica", aunque deja hueco a la creación de movimientos propios: "Yo tengo uno muy sencillo, muy simple, pero el mantón baila a compás. Ni lo tiro fuera de compás, ni lo muevo fuera de compás. Va bailando contigo. No me gusta tirarlo, pues me está dando mucho prestigio en ese momento y tirarlo lo veo como una afrenta. Lo pongo muy dulce en una silla siempre". Dando continuidad a esta escuela, actualmente se han hecho populares por su dominio de esta prenda bailaoras como Milagros Menjíbar o Blanca del Rey, que ha hecho de la soleá del mantón su huella dactilar... y no es raro verlo en montajes de la Compañía Andaluza de Danza, Belén Maya o María Pagés.

Flamenco Javier Colina Pamplona

Biografía:

Nacido en Pamplona en 1960. Contrabajo y acordeón. Se traslada a Madrid donde ha colaborado con los mejores músicos de flamenco y jazz. Ha realizado giras y conciertos por todo el mundo con Georges Cables, Hank Jones, John Hicks, Brad Meldhau, Gary Bartz, Ralph Moore, Frank Lacy, Ry Cooder, Hozan Yamamoto, etc... y con artistas flamencos como Enrique Morente, Carmen Linares, Tomatito, Ketama, Jose Soto, Joaquín Cortés... Forma parte del grupo del pianista Chano Domínguez desde su formación. Es profesor en el Taller De Músicos de Barcelona.

Flamenco Julio Jiménez Borja Madrid

Biografía:

Julio Jiménez Borja. Madrid, 1975. Es hijo de Juan Antonio Jiménez Muñoz, componente de los Chichos conocido como Jero o Jeros. Ha destacado como percusionista con numerosas bandas, desde Joaquín Cortés a La Barbería, con cajón y congas ha acompañado a grupos de pequeño formato y cantaores. Forma parte del grupo de percusión Echegaray Street. Además de como percusionista, trabaja cada vez más como guitarrista, bajista o teclista. Su trabajo como multiinstrumentista se puede ver en vivo en los conciertos de Niña Pastori. Sus inquietudes musicales también incluyen la composición. Reside en Madrid.