domingo, 26 de marzo de 2017

Entrevista Especial. Anoushka Shankar 'Traveller', por Nitin Sawhney

Entrevista Especial. Anoushka Shankar

Un viaje raga-flamenco 
por Nitin Sawhney 
noviembre de 2011 
Texto: Nitin Sawhney (cortesía de Universal Music) · Traducción: Luis Gago 
El flamenco tiene sus raíces en India. Muchos de los grandes exponentes modernos de esta apasionada tradición se muestran deseosos de resaltar y descubrir esta conexión. Bailaores como Joaquín Cortés han afirmado al comienzo de sus espectáculos ese origen cultural con mucha claridad. Los maestros de la guitarra Pepe Habichuela y Paco de Lucía, fundamentalmente en su colaboración con John McLaughlin, han introducido en sus composiciones fuertes referencias a esa historia cultural. El moderno y popular grupo español Ojos de Brujo y el menos conocido Indialucía celebran de forma efervescente el legado oriental del flamenco. 
Es poco, sin embargo, lo que se sabe sobre la verdadera historia de esa conexión. Se supone en gran medida que el flamenco tiene sus raíces en el éxodo de “intocables” que se produjo procedente del Punjab en torno al 800-900 d.C. Este pueblo pasó a ser los gitanos/romaníes de la tradición popular, atravesando Asia y Oriente Medio y estableciéndose posteriormente en Europa. Hoy puede verse a los gitanos rajastaníes utilizando antiguas castañuelas para adornar sus canciones sobre la existencia nómada y la devoción espiritual. Es gracias a estas canciones como puede identificarse claramente el origen del flamenco. Un elemento definidor del flamenco es innegablemente el cante, con las palmas sordas o los golpes con los nudillos aportando el acompañamiento percutivo. La guitarra, una variante del ’ūd árabe, se incorporó gradualmente en el siglo XIX. 
Sin embargo, en la mayor parte de las investigaciones o exploraciones académicas del flamenco, es poco lo que se dice de las conexiones técnicas con las tradiciones clásicas indias. Para músicos y bailaores resulta fácil remontar los orígenes del flamenco incluso más atrás, hasta la Natya Shastra, un tratado indio sobre las artes y la espiritualidad que se cree que fue escrito entre 200 a.C. y 200 d.C. Es aquí donde se expusieron por primera vez las teorías sobre cómo la danza, el teatro y la música habían de tener un lenguaje común para la comunicación y la colaboración. Esto resulta aún muy evidente en el fuerte vínculo rítmico existente entre los bailarines kathak y los intérpretes de tabla en el norte de la India y entre los bailarines bharatnātyam y los virtuosos de mridangam en el sur. 
Lo que resulta incluso más fascinante es cómo pueden seguir descubriéndose ecos de la Natya Shastra en el intrincado juego de pies de los bailaores y su correspondencia en los igualmente complejos polirritmos del cajón y la guitarra. En ningún lugar aparte de India y España es tan evidente esta poderosa conexión rítmica entre bailarín y músico. 
Recientemente, ha sido mutuamente emocionante que los bailarines y los músicos de India y España hayan redescubierto sus antiguos lazos y su fuente oral común. La bailarina clásica india Rajika Puri ha descrito los desafíos técnicos de ese reacoplamiento al trabajar con bailaores y músicos flamencos: “Lo siguiente que supe es que mi cuerpo empezó a ejecutar las fuertes y marcadas líneas de los adavus bharatanātyam. Mis pies empezaron a golpear con la fuerza de la forma de danza de India del Sur, ya que aprendí a terminar no en nuestro sam (que sería su pulso 12), sino en el pulso 10: Taam_ta kita, tei_dhi nata, taka dhiku, kitataka tarikita, tom”. 
En la tradición hindustaní, el sam marca el momento del clímax de un ciclo, normalmente resaltado por el primer pulso. La percepción del sam recayendo en el primer pulso de un ciclo se diferencia de la bulería flamenca de 12 pulsos en que el sentimiento del sam se traslada al duodécimo pulso, una técnica perpetuada por Paco de Lucía para crear una sensación constante de flujo. Así, incluso ahora, el flamenco puede considerarse una extensión dinámica de la forma clásica india, evolucionando constantemente para abrazar nuevas ideas en el curso de la Diáspora. 
Nadie encarna este espíritu de innovación y experimentación de forma más evidente que Anoushka Shankar. Con su comprensión profundamente arraigada de la forma clásica india y la rica herencia del genio innovador de su padre, Anoushka está constantemente desplazando las fronteras a todos los niveles. En 'Traveller' se abre camino entre los matices del flamenco moderno gracias a la vívida lente de la técnica hindustaní. En esencia, Traveller rastrea el vínculo espiritual a lo largo del tiempo y el espacio entre dos formas extraordinariamente evolucionadas de expresión musical, desde su antigua gestación a su moderno cenit. Este es un álbum de innovación y renacimiento: una culminación perfecta de antiguo y nuevo. Cuán apropiado resulta entonces que la fuerza motriz detrás de este álbum haya sido el nacimiento del primer hijo de Anoushka. 
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Tuve la suerte de poder conversar con Anoushka y su productor Javier Limón en mayo de 2011: 
Nitin Sawhney: ¿Cuál fue vuestra inspiración para querer hacer este disco de flamenco y aunar estas dos tradiciones? 
Anoushka Shankar: La verdad es que se trata simplemente de amor por la música. Siempre me ha encantado el flamenco y he sentido fascinación por él. Siempre ha existido esa atracción por algo que encuentro muy similar en el flamenco a lo que valoro especialmente de la música india: una suerte de musicalidad desinhibida en la expresión, ya se trate de una voz sola, un sitar o una guitarra. Existen, por supuesto, raíces comunes y semejanzas técnicas que explorar, y cuando empiezas a jugar con ellas puedes ahondar realmente de maneras muy deliciosas. No obstante, el deseo surgió simplemente de ser una admiradora de esta música y de querer aprender de ella haciendo música. 
N.S.: Javier, ¿qué es lo que te atrajo especialmente hacia la música clásica india y hacia el estilo interpretativo de Anoushka? 
Javier Limón: Cuando Anoushka interpreta música india pura, para nosotros está tocando flamenco puro. Para todos los gitanos, para Paco [de Lucía] y para mí –para todos nosotros–, cuando toca música india a veces decimos: “Vaya, tocas flamenco muy bien, esto es flamenco”. Y ella siempre responde: “No, no, no, esto era música india, india pura”. La frontera no está clara porque hace muchos siglos, ocho quizá, los gitanos llegaron del Rajastán y trajeron de allí mucho para el estilo flamenco, para la música flamenca. Crearon lo que conocemos hoy como flamenco con los cristianos y los judíos en España y con los árabes. Ese es el motivo por el que hay muchas cosas en común que hacen que nuestras formas musicales sean hermanas. El flamenco es muy joven, unos doscientos años. Para mí, el flamenco es como el hermano pequeño de la música india. 
NS: ¿Cuánto os habéis concentrado en las formas de la música clásica india y el flamenco, y cuánto en encontrar temas y emociones? ¿Y érais realmente conscientes incluso de combinar estilos cuando estábais trabajando? 
A.S.: Es un poquito de todo eso. Naturalmente que todas las piezas tienen inspiraciones y orígenes diferentes. Algunas de ellas, como “Inside Me”, eran melodías que escribió Javier y que me trajo después de nuestro primer encuentro. Yo había escrito una lista de algunas de las rāgas más sencillas que podía realmente ofrecer por un do-re-mi y luego él eligió algunas y se esforzó por escribir dentro de una sola escala. Algunas canciones, como “Casi uno”, surgieron de manera espontánea, mientras que en otras, como “Si no puedo verla”, traté de encontrar letras del gran poeta sufí Amir Khusrau para conectar la canción con India. Pero mis momentos preferidos solían producirse cuando descubríamos cosas juntos. “Boy Meets Girl”, con Pepe Habichuela, es un ejemplo de lo que puede suceder con un proyecto como este. Mientras Javier estaba enseñándome la progresión acórdica de una granaína empecé a tocar en forma de rāga Manj Khamāj. Nos dimos cuenta de que en esa escala en concreto, podía planificar y terminar con las notas apropiadas que se necesitan para la granaína, pero seguir tocando puramente la rāga india. De modo que la canción existe en dos formas antiguas simultáneamente. 
NS: Eso es fantástico. 
J.L.: Fue precioso. Anoushka cambió mi vida: ahora tengo un concepto diferente de la música. Cuando tocaba la granaína, era como una cantaora, no como una guitarrista flamenca. Eso es lo asombroso: toca el sitar como una cantaora. Sus melodías son como las de los cantaores gitanos. Creo que los guitarristas van a aprender mucho de ella. Su forma de expresar las melodías me hace llorar.

Flamenco Esteban Sanlúcar Cádiz

Biografía:

Esteban Delgado Bernal. Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), 1910 - Buenos Aires (República Argentina), 1989. Guitarrista. Comenzó en los cafés cantantes y en las reuniones privadas. Después participó en giras teatrales, con Marchena, Angelillo y otros. En los últimos años 40 se estableció en Argentina, después en Venezuela y volvió definitivamente a Argentina, alternando el trabajo en tablaos, espectáculos teatrales y la enseñanza. El cantaor Luis Caballero, quien le conoció bien, dice de él que fue un "plañidero creador de glorietas flamencas que un día decidió regalar a Hispanoamérica medio siglo de la más equilibrada, auténtica y jonda guitarra andaluza".

Flamenco El Viejín Madrid

Biografía:

El Viejín. José Jiménez (Madrid, 1962). 
Guitarrista José Jiménez nació en 1962 en el barrio madrileño de Cañorroto, en el seno de una familia profundamente flamenca. Destacan su padre, el bailaor El Tupé y su tío el guitarrista Nani, quien lo introdujo en la escuela ‘cañorroto’. Comenzó a tocar siendo un niño, con una madurez tan asombrosa que fue apodado ‘El Viejín’. Ya con trece años es contratado por el tablao Corral de la Morería como solista y allí trabaja durante los siguientes ocho años. También destacó pronto como compositor. En 1986 crea la música para el Ballet de Rafael Aguilar. Dos años más tarde recibe el ‘Premio Mundial para la Mejor Música para la Danza’ que otorga la televisión italiana RAI. También en 1988 debuta como compositor, director musical y primer guitarrista de Antonio Canales para cuya compañía compone a lo largo de varios años, entre otras, las obras ‘Torero’, ‘Gitano’, ‘Bernarda’, ‘A cuerda y tacón’. Después es requerido por otros bailaores como Joaquín Cortés, para quien compone ‘Pasión gitana’, Juan Ramírez, La Chana... También escribe la música para una película del cineasta británico Mike Figgis. En 1998 va de gira en el grupo de Paco de Lucía por España y Latinoamérica, tras la cual comienza a dar recitales en solitario en varias ciudades europeas. Ese mismo año graba su disco ‘Algo que decir’, en el que colaboran Paco de Lucía, la cantaora Montse Cortés y el bailaor Antonio Canales. El álbum obtuvo el galardón al ‘Mejor Disco del Año’ otorgado por la Asociación de la Prensa Española. También ha participado en discos como ‘Gitana soy’ de Remedios Amaya, ‘Alabanza’ de Montse Cortés y ‘Cuando el río suena’ de Guadiana, entre otros. 

Flamenco Curro de María Málaga

Biografía:

Curro de María (Málaga 1976). Guitarrista 
Francisco Fernández Doblas, de nombre artístico Curro de María, comenzó su formación tomando clases de guitarra flamenca del maestro Pedro Escalona. Y pronto comenzó a ser requerido por los cantaores malagueños. Tanto en festivales flamencos como en teatros, su guitarra fue poniendo sonidos a las voces de Estrella Morente, Chano Lobato, Montse Cortés, Guadiana, Virginia Gámez, Rafael de Utrera, José de la Tomasa, El Polaco, Antonio el Pulga, El Galli y Lolita Valderrama, entre otros muchos. En la faceta de acompañamiento al baile, el guitarrista malagueño ha trabajado junto a bailaores como Rafael de Carmen, Juan de Juan, Rafael Amargo, y Marcos Flores, entre otros. Y, especialmente, junto a La Lupi, junto a quien fundó en 1999 su propia Compañía Flamenca. En su labor como docente, que desempeña en paralelo a sus actuaciones, ha impartido cursos de guitarra flamenca en ciudades y países como Venezuela, Alemania, Francia, Ucrania, Chicago, Ginebra o Bruselas. En los escenarios, destacan sus intervenciones en foros como los Festivales Voices de Austria; la gala "Tres culturas por la Paz" formando grupo con Dorantes, Virginia Gámez y Roby Lakatos, entre otros; el Festival Flamenco Mont de Marsan; el Chicago Flamenco Festival; en la Bienal Málaga en Flamenco... El guitarrista malagueño también tiene amplia experiencia en los estudios de grabación. Junto con Antonio Fuentes de Málaga (ganador de la Lámpara Minera del Festival de La Unión) grabó en la discografía que complementa la “Enciclopedia del Arte Flamenco” y también lo hizo en discos de cantaores como Manuela Laina de Almonte (Huelva), Pepe Vergara de Álora (Málaga) y Rafael Sánchez (Málaga), así como colaboraciones en discos de diversos artistas de canción española. En televisión, ha intervenido en el programa de Canal Sur “Flamencos”, como solista y acompañando a diversos cantaores. También intervino en el programa “Mira la Vida” como guitarrista durante nueve meses y puso la banda sonora al documental “Viudas libres” para Canal Sur. Con su toque, continúa acompañando a cantaores, poniendo música a la compañía flamenca de La Lupi y colaborando con artistas como Rafael Amargo.

Entrevista María José Franco, bailaora de flamenco

Entrevista a María José Franco, bailaora de flamenco

María José Franco, bailaora de flamenco. Entrevista 
“Todos los bailaores vamos a optar por ser aún más flamencos” 
Silvia Calado. Madrid, agosto de 2006 
Tiene claro desde niña su sino. María José Franco, bailaora. A la salida del colegio, se quedaba mirando las clases de baile. Apenas tenía cinco años, pero su madre entendió la vocación. Y desde entonces, sin parar nunca de formarse, persiguió un objetivo: bailar en solitario. Tras pasar por la intensiva escuela que era la Compañía Andaluza de Danza, tuvo la oportunidad de enseñar por el mundo su propuesta. Se la dio Antonio el Pipa al ficharla como artista invitada de su compañía, en la que tanto monta como pareja que como solista. No aparcó nunca el sueño de forjarse un nombre propio y con dos espectáculos en su haber, proyecta ya su compañía propia, un espacio que le permitirá desarrollar sus pasiones: la coreografía de grupo y la concatenación de música con baile. Sabe que la competencia es feroz, pero también sabe que persigue un sueño y con qué armas hacerlo realidad. La clave, ser flamenca. 
María José Franco (Foto: Daniel Muñoz) Taconeó en varias academias de Cádiz, antes de pasar por la escuela de Angelita Gómez en Jerez y por la de Manolo Marín en Sevilla. Y, mientras se licenciaba en clásico español y ballet en el conservatorio -“pues me lo recomendaron para perfeccionar la técnica”-, no perdía la oportunidad de tomar clases con todos los maestros que pasaban por el triángulo Cádiz-Jerez-Sevilla. Uno de ellos fue Mario Maya, que la fichó para su compañía coincidiendo con la Expo’92 de Sevilla. ¿Pero cuántos años tenías? “Trece o catorce. De hecho, no pude hacer muchas cosas con la compañía porque era menor de edad”. Dos veces pasó las audiciones de la Compañía Andaluza de Danza -ahora Ballet Flamenco de Andalucía-, pero aún tendría que esperar a la tercera para incorporarse de lleno. Cuatro años y medio se llevó aprendiendo de manera intensiva en esta cantera de la que han salido artistas como Israel Galván, Isabel Bayón, Rafael Campallo, Úrsula López... Primero estuvo bajo la batuta de María Pagés y después le marcaría los pasos el coreógrafo y bailarín José Antonio, a quien considera un maestro fundamental. 
De él destaca, ante todo, la disciplina: “Entrabas a las diez, hacías hora y media de ballet, después tenías veinte minutos de descanso y te ponías con los espectáculos. Además, bailados, nada de marcados, pues José Antonio es una persona que lo quiere ver bailado en todos los ensayos. Ya en la época en la que se montaba, te podías llevar allí hasta las diez de la noche”. Pero de esa disciplina recogió los frutos: “Sales muy preparado, sales con conocimiento de todo, tanto de lo que es montar un espectáculo, como de todos los aspectos técnicos, es decir, de hacer las cosas bien. Iluminación, maquillaje, disciplina... no tiene nada que ver con cómo se trabaja en otro tipo de compañías de flamenco, algunas se lo toman de otra manera, digamos que con más libertad. Allí es un trabajo”. 
Pero la bailaora gaditana quería algo más. “Siempre quise bailar sola”. Ya cuando se presentaba a concursos tenía ese objetivo. Y, aunque entre tanto había hecho sus pinitos, el momento de mostrarse cara a cara con el público le llegó hace ahora cuatro años, cuando Antonio el Pipa la reclamó como artista invitada de su compañía. “Tuve que decidir entre la compañía, donde estaba superbien y tenía un trabajo estable, o arriesgarme. Y decidí arriesgarme para hacer lo que más me gusta, que es bailar sola”. Desde entonces, ha participado en espectáculos de la compañía jerezana que han dado la vuelta al mundo como ‘Vivencias’, ‘De Cai, los bailes’, ‘De la tierra’, ‘Pasión y ley’ y ahora ‘De tablao’. 
Por el papel que le tocó desempeñar, mano a mano no sólo con Antonio el Pipa, sino también con la bailarina Lola Greco, ‘Pasión y ley’ ha sido el más especial. “Y trabajar con Lola fue genial. Como compañera, porque me ha ayudado muchísimo, me aconsejaba un montón, me decía lo que ella veía mejor, qué podía sacar de mí. Y trabajando, la verdad es que con el paso a dos al principio estaba supernerviosa y torpe, pero ella me dio confianza para que me relajara y me ayudó mucho. Y como su papel era de espíritu, como que te envolvía, me enseñó a sentirlo apenas con la respiración. Y aprendes a que no sólo tienes que mirar a la otra persona, sino sentir que está a tu alrededor”. 
Lola Greco y María José Franco (Foto: Daniel Muñoz) Aunque no es menos bravo el toro que lidia en ‘De tablao’. Y lo reconoce. “La verdad es que al principio tenía un poco de miedo, pues al estar con Angelita y con Concha Vargas, da cosilla. Pero como compañeras son geniales y aprendes a que si has podido quedar a la sombra, te esfuerzas para que tu baile diga algo dentro del espectáculo. Así que, a la vez, es un aliciente, te anima. Pero, vaya, que me lo han puesto difícil”. Aún así, destaca que “me siento muy bien en el espectáculo”. 
"Aunque la coreografía sea simple, puedes ver a una pareja que sí está bailando de verdad"
María José Franco y Antonio el Pipa forman un dúo de baile que funciona en escena. La bailaora comenta que “la verdad es que con Antonio como pareja me siento muy bien, creo que nos acoplamos muy bien”. Sonríe contando cuánta complicidad existe entre ellos: “Si él se equivoca nos reímos e intentamos organizarlo de otro modo. Si es al revés, me dice que no me preocupe, que me sigue. No impone que él lleve el baile y yo vaya detrás, sino que es un trabajo muy complementado”. Aunque no siempre se lo pone tan fácil: “Al final del espectáculo hay una parte que nunca está montada y en la que sí me obliga a ir detrás de él, es como un reto que me lanza en cada actuación, a ver si soy capaz. Yo me lo paso bien, pues hace que la pareja se comunique”. Y es que, últimamente, el baile flamenco no cultiva demasiado la pareja. María José Franco considera que “a veces, hay espectáculos en los que hay baile de pareja que no se miran, que no... Y son dos cosas diferentes la coreografía y la comunicación entre los dos. Aunque la coreografía sea simple, puedes ver a una pareja que sí está bailando de verdad. Y lo mismo la coreografía es preciosa, muy compleja, pero va uno bailando por un lado y otro por el otro lado”. A ella con Antonio no le ocurre eso, “sí tengo buena conexión”. 
Paralelamente a las colaboraciones con Antonio el Pipa, ha ido haciendo sus primeras propuestas en solitario. Hace ya varias temporadas que viene moviendo ‘Cabales’, que “es el formato estándar de una bailaora, con bailes en solitario y temas musicales intercalados”. Y dio una vuelta de tuerca más a su trabajo en su segundo montaje: ‘A contracorriente’. Se trata, según cuenta, de un espectáculo “un poco más elaborado porque ahí llevo cuerpo de baile, que es lo que a mí me gusta: coreografiar para grupo y trabajar sobre la música”. 
María José Franco (Foto: Daniel Muñoz) Y no es habitual que una bailaora tan joven se decante por la coreografía. A pesar de las críticas que han recibido muchos bailaores ‘metidos’ a coreógrafos, piensa que “hay mucha gente que vale y que hace cosas muy buenas, lo que pasa es que quizás el flamenco se está yendo un poco por las ramas, mirando más al teatro y a caminos que a veces la gente no entiende”. Y se ha dado cuenta de que la sencillez es una premisa básica: “A mí me encantan las propuestas difíciles, pero al estar en espectáculos como ‘De tablao’ que sin tener nada la gente disfruta tanto, te das cuenta de que al final lo que llega es el baile sencillo, es lo que disfruta y lo que le satisface. Muchas veces arriesgas demasiado para al final obtener poco producto”. Aunque eso no quiere decir que no le gusten los retos: “Creo que hay un momento en el que todo el mundo tiene que arriesgar, no te puedes llevar toda la vida haciendo una cosa simple. Me encantaría arriesgarme, pero creo que todavía no estoy preparada. De momento, quiero poner cosas en el escenario que tengan un valor, un significado”. << Anterior El trabajo coreográfico dice haberlo aprendido, sobre todo, de José Antonio: “Los movimientos en el escenario, que el espectador siempre esté viendo cosas diferentes, que no vea nada quieto. Me gusta mucho la exactitud a la hora de hacer el dibujo, pero a la vez que no salga del flamenco”. La fórmula ideal de la coreografía tiene para ella, en síntesis, tres ingredientes: “Que sea flamenco, con pocas personas y con el dibujo definido”. Y ello lo combina con la música, en especial, con la guitarra, instrumento que adora. A la hora de hablar de sus preferencias en el acompañamiento musical, afirma que “los cantaores me encanta que canten muy flamenco pero, a la vez, que se les pueda pedir cosas diferentes, que te hagan un tema más especial, que no sólo te hagan letras populares, sino que se puedan amoldar a cosas nuevas”. 
María José Franco (Foto: Daniel Muñoz) Y con la guitarra, igual. María José Franco busca que en sus espectáculos “todo tenga un nudo, que todo vaya hilado, que no sea un baile y parada, sino que todo tenga un porqué. Se nota el relleno mientras te cambias el vestuario. Me gusta que igual que se trabaja la coreografía, se trabaje el cante”. Y eso lo ha aprendido de los veteranos, a los que siempre trata de escuchar. Cuenta que “el otro día estaba Felipe Maya diciendo aquí (en el Tablao Corral de la Morería) una cosa supercuriosa: que hoy en día se cuida mucho la guitarra, pero no el cante en los bailes”. Explica que “todo el mundo cuida que la falseta del principio sea lentita, que luego camine de una determinada manera... pero es verdad que el cante no se cuida. Al menos, que si se le canta a una mujer se le canten letras que le vayan”. 
Todos estos aspectos rondan su cabeza mientras prepara ya su siguiente proyecto. No quiere contar todavía mucho, pero adelanta que “quiero crear mi propia compañía y sacarla a la luz con un nuevo espectáculo que va sobre Cádiz, que lleva cuerpo de baile y que están componiéndome la música y las letras. Ahora es la mayor meta que tengo, que ya es bastante difícil”. Y hablando de Cádiz, ¿es que hay un sello para el baile gaditano como lo hay para el cante gaditano? Responde afirmativamente: “Hay como un aire. Creo que cuando alguien de Cádiz canta o baila por alegrías, por ejemplo, sí tiene un aire especial, más fresco, como es la gente de Cádiz, más fresca, más dicharachera, más picarona. Creo que eso se transmite también al baile, igual que Sevilla tiene su sello y Granada el suyo. Cada sitio marca a su gente, es curioso”. 
Y lo mismo que el lugar de nacimiento, también marcan los ídolos. María José Franco coincide con su compañera de generación Fuensanta la Moneta (leer entrevista). Y señala a tres referentes: Carmen Amaya, Manuela Carrasco y Eva Yerbabuena. Aunque añade un cuarto nombre, el de Juana Amaya, a quien admira desde niña: “Era superfan de ella, la copiaba y todo (jajaja). Y ella sabe que soy fan suya”. Con referentes así, queda claro que se decanta por las bailaoras de personalidad, “las bailaoras de fuerza. Y luego Eva Yerbabuena es que me encanta todo lo que hace y cómo lo hace”. Tiene claros sus gustos: “La gente critica la fuerza, pero a mí me gusta más que los bailaores transmitan que la coreografía que hagan. A veces te equivocas montando, lo haces como en ese momento te ha salido, por eso me gusta más lo que se transmite que lo que se hace. Y cómo transmite Juana me encanta, me gustan mucho sus detalles... igual que los de Eva, está claro”. 
Transmitir es aún más importante en circunstancias tan especiales como las que impone un tablao. Con motivo del quincuagésimo aniversario del tablao madrileño Corral de la Morería, se ha organizado un ciclo de valores en alza del baile en el que ha participado durante julio la gaditana. Mano a mano con el bailaor cordobés José Barrios, ha bregado durante varias noches con las limitaciones de este tipo de escenario, una escuela por la que, según dicen los entendidos, hay que pasar. La experiencia está siendo satisfactoria: “Con la cosa de que no vas con tus músicos, te tienes que adaptar, pero eso a la vez hace que te abras, improvises. Aquí sabes que lo que tú haces es lo que va a llegar, no va a llegar el cante ni las luces. Aquí no hay nada, aquí eres tú y el público y te tienes que apañar. Y la verdad es que aprendes”. Y aprende deleitando a la concurrencia, entre quienes a veces hay ilustres personajes. Esta noche, ha aparecido la bailarina china Jin Xing, que no se corta en fotografiar con el teléfono móvil los curvos quiebros de María José por alegrías. Cosas que pasan en los tablaos. 
"Nos estamos dando cuenta de que la gente lo que demanda es baile" 
¿Y qué sucede en el baile actual? Cuando a la bailaora se le pide un breve análisis de situación, pone el acento en la vuelta a la raíz. “Creo que a los que estamos ahora empujando nos lo están poniendo difícil porque se están haciendo cosas muy buenas, pero a la vez creo que todos vamos a optar por la línea de ser más flamencos. Creo que se han hecho tantas cosas y está el mundo del espectáculo tan raro, que todos vamos a por lo mismo, a por que vuelva la cosa atrás y se vuelva a hacer flamenco de verdad. Todos estamos en la misma línea. Nos estamos dando cuenta de que la gente lo que demanda es baile, mientras a la hora de coreografiar y de todo nos comemos más la cabeza que la generación anterior. Y hay mucha competencia, mucha gente muy buena bailando y eso te obliga a estar siempre al día, no olvidarte de que tienes que estudiar, de que tienes que sacar cosas nuevas... no se te puede ir nada, pues pierdes el hilo”. Y esto lo cuenta relajada, con naturalidad, ya maquillada y sentada junto a su vestuario en un pequeño camerino subterráneo del señero Corral de la Morería cuyas vetustas paredes tantas historias de bailes y de bailaoras tendrán que contar. En pocos minutos, María José Franco contará la suya.

miércoles, 22 de marzo de 2017

Flamenco Pilar López San Sebastián

Biografía:

San Sebastián, 1912 - Madrid, 2008. Bailarina y bailaora. La muerte de su hermana Encarnación la Argentinita la había dejado profundamente deprimida, y sin ánimo de volver a bailar. "Pero venía mucha gente amiga..., todos me decían que el mejor homenaje que podía hacer a mi hermana era éste: bailar, presentar las coreografías que hizo mi hermana..., yo creo que era una cosa piadosa, muy digna de agradecer, que me hiciera salir un poco de mi letargo..." Entre todos la convencieron. Así nació el Ballet Español de Pilar López, que el 10 de junio de 1946 se presentó en el Teatro Fontalba de Madrid con éxito de clamor. Pilar se convirtió en una nueva luminaria del baile nacional. Había comenzado a trabajar sola en espectáculos de variedades, no uniéndose a su hermana hasta que Argentinita formó su primera Compañía de Bailes Españoles. Desde 1946 hasta 1973 Pilar López mantuvo prácticamente sin interrupción su compañía de ballet. Fueron veintisiete años en los que realizó un trabajo realmente trascendental para el baile español y para el flamenco. Es tal la cantidad de obras que incluye, tal la cantidad de nombres de primera fila que pasan por sus formaciones, es un trabajo tan bien hecho el suyo, que parece imposible hallar nada semejante en la historia de nuestra danza. Algunas de sus realizaciones más logradas fueron: Los Cabales, Flamencos de la Trinidad, Madrid Flamenco, Preludios e Imágenes de Debussy... Hay que subrayar que Pilar López siempre tuvo una idea muy clara del trabajo coral en su compañía, sin divismos ni estrellas a cuyo lucimiento se supedita todo lo demás. Ni ella misma. "Antonio tenía quizás una compañía más numerosa que la mía, yo tenía otra visión del formato; cada uno en su casa dispone la casa como le gusta y yo prefería llevar menos gente y, para mí, más aprovechable: o sea no llevar bulto; llevar por ejemplo cuatro o cinco buenos bailarines que en un momento dado... Como yo he tenido la teoría de no hacer divismo conmigo, pues claro he dado ejemplo para que los demás no lo hagan... y entonces: que teníamos que salir por separado, pues salíamos por separado; que teníamos que salir todos juntos, pues salíamos todos juntos... Si después nos hacía falta hacer un trío, pues un trío; o un 'duetto'... Pero que fuéramos aprovechables, como se suele decir, para un barrido y para un fregado. Yo trabajaba mucho en equipo, porque lo creía conveniente; a lo mejor hay una niña que acaba de llegar y tiene una idea que a mí no se me ha ocurrido, ¿por qué no?" De Pilar López va a quedar, además de su gran obra, su excepcional trabajo como maestra. "Una de las mejores forjadoras de talentos que ha tenido España", a juicio de Bourio. Muchas de las primeras figuras del baile flamenco de las últimas décadas se formaron junto a ella, especialmente hombres, bailarines y bailaores. Greco, Manolo Vargas, Roberto Ximénez, Alejandro Vega, Gades, Farruco, Mario Maya, el Güito... La lista sería interminable, y es curioso constatar cómo cuantos trabajaron con ella le guardan no sólo admiración, sino también respeto, gratitud y cariño. No es frecuente en el flamenco. Antonio Gades, por ejemplo: "A Pilar López le tengo que agradecer toda la vida, nunca se lo agradeceré bastante, que me enseñase antes que la estética de la danza, la ética". Mario Maya tuvo la suerte -así lo considera él, ciertamente- de encontrarse junto a Pilar cuando era un adolescente de catorce años: "Cuando yo paso a Madrid y entro ya en el ballet de Pilar López, entonces es cuando verdaderamente me doy cuenta y soy consciente de que realmente esto es algo hermoso a lo que hay que ponerle la máxima atención. Es cuando tengo la suficiente lucidez para darme cuenta de lo que quiero (...) Pilar, posiblemente no haya sido maestra porque ella nunca nos ha enseñado en el sentido de lo que se pueda entender por maestra. Ella lo que hacía era darnos a nosotros todo el medio artístico que a ella le rodeaba. En realidad, culturalmente, para todos los que estábamos con ella, ha sido nuestra maestra; la maestra de toda una generación". Maestra en un sentido mucho más amplio que el de la simple docencia en una escuela de baile. El coreógrafo José Granero lo ve también así: "Pilar no nos enseñó realmente a hacer pasos, lo que enseñó a todo el mundo Pilar López fue a desarrollar esta profesión de una manera coherente y reflexiva, potenció a cada uno en su forma, ha tenido un ojo maravilloso para poder potenciar eso en cada uno. La línea que a mí siempre me ha gustado más ha sido la de Pilar, sin quitar mi admiración por otro tipo de coreógrafos o bailarines de la época, pero lo más importante para mi fue el impacto de Pilar López. Yo creo que realmente la que renovó la danza española y la llevó por un camino muy serio ha sido Pilar, más que otros personajes. Ella dio un sello muy especial a la danza española. Todavía el otro día estaba viendo lo de Duende y misterio del Flamenco y ahí lo ves muy palpable, que hay una seriedad, un saber estar en este sentido, que no había una forma comercial de exponer la danza, sino de una manera más seria". Pilar López, sin embargo, siempre que se le habla de esto, con su sencillez habitual quita importancia a cosas que la tienen tanta: "¡Hombre! Mucha gente me dice: '¡Hay que ver los bailarines que Vd. ha hecho...!' Y yo creo que no he hecho nada, o casi nada, porque lo importante era que existiera esa 'materia'. Tal vez mi mérito, si he tenido alguno, ha sido el saber hacer un buen 'diagnóstico' de gente que a lo mejor no se esperaba mucho de ellos y que yo -tal vez por tener un buen ojo- pues 'diagnosticaba' y más tarde o más temprano terminaba dando su fruto..." Ha hecho películas.